No ha podido ser. Pese al titánico esfuerzo realizado durante todo el torneo, Perú no consigue imponerse a China en la fase final de la Community World Cup de Autochess.

Pero me niego a dejarme avasallar por el dolor de la derrota. Me niego a que la tristeza enturbie una hazaña tan épica. Hemos de contar la historia, la heroica epopeya de como un equipo humilde ha conseguido representar a su país en el más alto nivel mundial, y no sólo dar un grandísimo nivel, sino enfrentar y derrotar a los más grandes nombres de la escena competitiva, colocando el nombre de nuestro club, y quizá hasta más importante, el de su país, en la cúspide del Autochess. Esta es una historia de triunfo, y como tal la pienso contar.

Todo comenzó con la selección del combinado que iba a representar al país andino. De los dieciséis equipos clasificados para ello, fue el de Oxygen el que acabó representando a Perú en el mundial. La competición fue feroz, y pese a los esfuerzos de enormes selecciones como Japón o Brasil, fue Perú la que acabó llevándose el gato al agua, sobre todo por la enorme capacidad de adaptación y la impecable ética de estudio por parte de nuestro equipo, que siempre hizo gala de un conocimiento casi absoluto de la estrategia rival. Es esta característica, junto al buen ambiente del vestuario y la ausencia total de egolatría, el motivo por el cual nuestra escuadra ha llegado al puesto en el que está.

Pero este no es el final, ni muchísimo menos. El futuro se antoja brillante para nuestros jugadores, pues tanto a nivel individual, como a nivel de equipo, nuestro combinado está dominando. Y más allá de nuestro brillante futuro, cuando este cronista exhale su último aliento, podrá decir orgulloso que vio a Oxygen Gaming llegar a la cúspide de Autochess.